Tras cerrar la densa etapa conceptual de su doble volumen "Dealing With Demons", muchos se preguntaban hacia dónde dirigiría Dez Fafara el timón de DevilDriver. Con una formación reestructurada tras bambalinas y el regreso del legendario bajista fundador Jon Miller, la banda no ha buscado la reinvención, sino la aniquilación. "Strike and Kill" no es un disco de transición; es un asalto frontal que demuestra que, tras más de dos décadas de carrera, el monstruo californiano sigue teniendo la mordida más afilada del metal contemporáneo.
Para entender el peso de Strike and Kill, hay que mirar hacia dentro. La banda venía de sufrir cambios sísmicos en su alineación, pero la jugada maestra de Dez Fafara ha sido reactivar el motor con sangre nueva y nostalgia a partes iguales.
La incorporación de los guitarristas Alex Lee y Gabe Mangold (quien también produce el álbum), junto al demoledor batería Davier Pérez, ha inyectado una energía técnica descomunal. Sin embargo, el verdadero golpe sobre la mesa es el regreso de Jon Miller, el bajista original cuyo tono pesado definió los años dorados de la banda. Esta nueva formación funciona como un engranaje perfectamente engrasado: fresca, letal y hambrienta.
Olvídate de experimentos atmosféricos o concesiones comerciales; esto es nonstop bludgeoning (una paliza ininterrumpida). El sonido de Strike and Kill se asienta sobre la icónica fórmula del California Groove Metal, pero llevado a un nivel de hostilidad sónica brutal.
Los adelantos como "Dig Your Own Grave" desatan ráfagas de doble bombo que emulan fusiles de asalto, combinados con riffs crujientes e hiperveloces. El disco destaca por un balance perfecto: la elegancia del death metal melódico en las guitarras, un muro de bajo aplastante gracias a Miller y la característica voz visceral y escupida de Fafara, que suena más agresiva que nunca.
Lo que hace brillar a este undécimo álbum de estudio es su honestidad. En palabras del propio Fafara, no se ha vuelto blando con el mundo ni con su música. Strike and Kill funciona como una catarsis colectiva a través de 13 cortes donde apenas hay espacio para un respiro.
Es un disco que rinde homenaje a la crudeza de obras maestras como The Last Kind Words, pero con la experiencia y la nitidez de la producción moderna. DevilDriver demuestra que no necesitan suavizar su propuesta para mantenerse relevantes; al contrario, su mejor defensa siempre ha sido un buen ataque.
"Mi mentalidad no ha cambiado. No me he vuelto blando. En este disco nos enfocamos en sacarlo todo líricamente, respaldando esas letras con música salvaje y despiadada". – Dez Fafara

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