Hubo un tiempo en el que el deathcore parecía condenado a repetirse hasta convertir su propia violencia en costumbre. El género seguía vivo, pero había perdido parte de aquella capacidad para sorprender, incomodar y atraer a quienes permanecían fuera de sus fronteras. Entonces apareció Slaughter to Prevail, una criatura nacida en Rusia que no inventó el deathcore, pero sí consiguió devolverlo a la conversación mundial.
La banda comenzó a formarse en 2014 alrededor de Alex Terrible y el guitarrista británico Jack Simmons. Su primer EP, Chapters of Misery, publicado en 2015, ya contenía los elementos que acabarían definiéndolos: guitarras aplastantes, breakdowns brutales, percusión precisa y una voz que parecía surgir de algún animal prehistórico obligado a aprender ruso.
Con Misery Sermon, en 2017, demostraron que no eran únicamente una banda construida alrededor de un vocalista espectacular. Sin embargo, fue Kostolom, publicado en 2021, el disco que convirtió al grupo en un fenómeno internacional. Allí ampliaron su sonido mediante influencias del nu metal, el groove y el metal moderno, sin abandonar la violencia que los había hecho reconocibles.
“Demolisher” marcó un antes y un después. Su famoso pasaje vocal se propagó por redes sociales y vídeos de reacciones, llevando el deathcore ante personas que jamás se habrían acercado al género. Pero el impacto de la canción no pertenece únicamente a Alex: la tensión de las guitarras, el peso del bajo, la precisión de la batería y el silencio previo al breakdown construyen el espacio donde finalmente aparece la bestia.
Alex Terrible es el rostro y principal símbolo de Slaughter to Prevail. Su técnica vocal, su presencia física, las máscaras, los tatuajes y su actitud extrema han convertido su figura en una extensión de la música. Sin embargo, el grupo no podría sostenerse sin Jack Simmons, arquitecto de gran parte de sus riffs; Dmitry Mamedov, encargado de reforzar la muralla rítmica; Mikhail Petrov, responsable del peso del bajo, y Evgeny Novikov, uno de los bateristas más impresionantes del metal extremo actual.
La comparación con Suicide Silence durante la etapa de Mitch Lucker resulta inevitable.
Suicide Silence fue una de las bandas que abrió las puertas del deathcore a un público mayor durante los años dos mil. Mitch poseía una presencia escénica visceral y casi autodestructiva. Alex, en cambio, proyecta una violencia más física, teatral y monumental. Mitch parecía consumirse sobre el escenario; Alex parece dispuesto a consumirlo entero.
Ambos vocalistas representan generaciones distintas, pero cumplen una función similar: ofrecerle un rostro reconocible a una música extrema. Suicide Silence llevó el deathcore hacia festivales y revistas cuando todavía era considerado un género marginal. Slaughter to Prevail ha conseguido trasladarlo a la época de los algoritmos, las redes sociales y los grandes escenarios.
Tras Kostolom, canciones como “1984”, “Viking”, “Conflict”, “Kid of Darkness” y “Behelit” reforzaron su crecimiento. Todo ese recorrido desembocó en Grizzly, un álbum donde la banda mezcla deathcore, groove, nu metal y elementos orquestales, confirmando que nunca ha estado interesada en respetar fronteras demasiado estrechas.
Decir que Slaughter to Prevail salvó el deathcore puede parecer exagerado, porque el género nunca estuvo realmente muerto. Bandas como Whitechapel, Lorna Shore o Fit for an Autopsy continuaron desarrollándolo. Sin embargo, Slaughter to Prevail sí lo salvó de algo diferente: de su invisibilidad.
La banda consiguió que una nueva generación reconociera máscaras, guturales y breakdowns que antes solo pertenecían al público más extremo. No suavizaron su música para hacerla accesible; hicieron que el público desarrollara nuevos dientes para poder morderla.
Su directo termina de explicar aquello que las cifras no pueden contener. Alex domina al público con carisma y amenaza, las guitarras levantan una muralla, el bajo golpea el pecho y Novikov castiga la batería como si hubiera cometido algún pecado imperdonable. No parecen interpretar la violencia: durante cada concierto, parecen habitarla.
Slaughter to Prevail no ha sustituido a Suicide Silence ni ha heredado el lugar de Mitch Lucker, porque ciertos legados no se reemplazan. Lo que ha hecho es recoger parte de aquella fuerza primitiva, trasladarla a otro tiempo y convertirla en una bestia diferente.
Quizá su mayor logro no sea haber inventado una nueva brutalidad, sino haber evitado que la antigua terminara domesticada. El deathcore no necesitaba que alguien lo resucitara, porque todavía respiraba. Necesitaba que alguien le abriera el pecho, le arrancara el corazón y lo obligara a latir delante de todo el mundo.
Y mientras algunos discuten si Slaughter to Prevail es demasiado mediático, excesivo o consciente de su propia imagen, la bestia continúa avanzando. Porque existen bandas que se adaptan a su tiempo, y existen otras que lo muerden hasta obligarlo a pronunciar su nombre.
Por: Xiraxi Jiménez Cabrera